
Salto a la luz con un cuchillo en la mano, asalto a tu voz con ojos errantes. Esta vez no está claro, aunque pensándolo bien siempre ha sido así. La luz se apaga y el cuchillo dirige mi mano en una trayectoria curvilínea vacilante, media vuelta, vuelta completa, y no había víctima que sufriera esta pena. Tus cuerdas vocales comienzan a vibrar y mis ojos errantes no quieren llorar -y no van a llorar -. El último tramo de esta ilusión se entrega inocente a tu capacidad de persuasión, tu serenidad, tu preocupación.
... Es la ausencia, fue su paso, será esta inseguridad la que siga atacando y estoy construyendo este castillo de recuerdos que algún día temerán regresar sin muros de ladrillos que los puedan contener.
Y ahora me pregunto si uno más uno llegarán a ser uno. No lo puedo evitar, es el ambiente de suposiciones lo que me entierra esta duda a tal punto que no sé si vale la pena, no sé si quiero esta pena y al rato el cielo se despeja, vuelve a brillar el sol y mañana... el arco iris después de la lluvia. Entonces me pregunto si ver al sol brillar y al arco iris deslumbrante -desfalleciente a veces, deslumbrante otra vez -será suficiente motivo para soportar la lluvia seca que cala mis huesos cada vez que veo a ese par de nubes jugar (nubarrones quizás les asentaría mejor).
Y vuelvo al punto de partida en que uno más uno es dos y no se concibe un gran uno. Me pregunto si vale la pena la lluvia y me contesto sí, Den, vale la pena.
¿Y qué tanto? Si al final siempre me gustó la lluvia.
... Es la ausencia, fue su paso, será esta inseguridad la que siga atacando y estoy construyendo este castillo de recuerdos que algún día temerán regresar sin muros de ladrillos que los puedan contener.
Y ahora me pregunto si uno más uno llegarán a ser uno. No lo puedo evitar, es el ambiente de suposiciones lo que me entierra esta duda a tal punto que no sé si vale la pena, no sé si quiero esta pena y al rato el cielo se despeja, vuelve a brillar el sol y mañana... el arco iris después de la lluvia. Entonces me pregunto si ver al sol brillar y al arco iris deslumbrante -desfalleciente a veces, deslumbrante otra vez -será suficiente motivo para soportar la lluvia seca que cala mis huesos cada vez que veo a ese par de nubes jugar (nubarrones quizás les asentaría mejor).
Y vuelvo al punto de partida en que uno más uno es dos y no se concibe un gran uno. Me pregunto si vale la pena la lluvia y me contesto sí, Den, vale la pena.
¿Y qué tanto? Si al final siempre me gustó la lluvia.