sábado, 22 de mayo de 2010

Es la Lluvia


Salto a la luz con un cuchillo en la mano, asalto a tu voz con ojos errantes. Esta vez no está claro, aunque pensándolo bien siempre ha sido así. La luz se apaga y el cuchillo dirige mi mano en una trayectoria curvilínea vacilante, media vuelta, vuelta completa, y no había víctima que sufriera esta pena. Tus cuerdas vocales comienzan a vibrar y mis ojos errantes no quieren llorar -y no van a llorar -. El último tramo de esta ilusión se entrega inocente a tu capacidad de persuasión, tu serenidad, tu preocupación.

... Es la ausencia, fue su paso, será esta inseguridad la que siga atacando y estoy construyendo este castillo de recuerdos que algún día temerán regresar sin muros de ladrillos que los puedan contener.
Y ahora me pregunto si uno más uno llegarán a ser uno. No lo puedo evitar, es el ambiente de suposiciones lo que me entierra esta duda a tal punto que no sé si vale la pena, no sé si quiero esta pena y al rato el cielo se despeja, vuelve a brillar el sol y mañana... el arco iris después de la lluvia. Entonces me pregunto si ver al sol brillar y al arco iris deslumbrante -desfalleciente a veces, deslumbrante otra vez -será suficiente motivo para soportar la lluvia seca que cala mis huesos cada vez que veo a ese par de nubes jugar (nubarrones quizás les asentaría mejor).
Y vuelvo al punto de partida en que uno más uno es dos y no se concibe un gran uno. Me pregunto si vale la pena la lluvia y me contesto sí, Den, vale la pena.



¿Y qué tanto? Si al final siempre me gustó la lluvia.