
Había pensado demasiado, y ahora, sin embargo, me he quedado sin ideas... ¿Es acaso cierto que los pensamientos se acaban? No quiero tropezar con la misma piedra, pero una fuerza magnética invisible me lleva inevitablemente al precipicio, y es allí donde resurge esa enferma y desvariada pregunta... ¿Qué es la (mi) vida? Y no se trata de cuestionarme el vivir, sino el porqué vivir. Yo te podré confesar que me encantan mis segundos, más que mis ojos pardos, pero me tortura la idea de estar perdiéndolos como agua entre los dedos, y me doy cuenta de que algo anda mal porque ya no respeto los márgenes, y comienza a darme lo mismo, pero en el fondo sé que quiero evitarlo y, sin embargo, tengo claro que no lo haré a menos que las circunstancias me lleven a ello. ¿Y es eso, acaso, tan difícil de entender? Ustedes dirán que no, indudablemente creerán ser dueños de la verdad, pero lamento decepcionarlos porque la verdad es mía y la guardo con tanto recelo que ni yo la conozco, pero así como la verdad es mía también les diré que el secreto de la vida me fue revelado porque seguí los pasos... Son simples, tan simples que se tornan increíbles, son simples, pero difíciles de conseguir, ustedes podrán intentarlo todo, incluso se engañarán a sí mismos, así como alguna vez me sucedió a mí, pero el que no pierde el paso llega a su destino. Y no crean que les digo todo esto para que ustedes lo asuman a ciencia cierta, ojalá que lo cuestionen diez mil veces, pero, vamos, todos sabemos que no lo harán porqe sus pequeñas mentes perdidas en la rutina son incapaces de desoxidarse. ¿Cuándo te perdiste a ti mismo? Al menos has vuelto a buscarte, pero te aviso que encontrarte será difícil, porque solo no serás capaz, porque para lograrlo necesitas la verdad, necesitas tu verdad... Y la dueña de esa verdad soy yo.
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